Mientras no venga el invierno.




Con un susurro como tentando el olvido pronuncio su nombre
En la esperanza de que el viento lo arrastre a sus divinos oídos
El otoño volaba como la hojarasca con los vuelcos del viento y cada noche que pasaba era un sueño más que enterraba.
Perdido mirando al infinito como queriendo perderme en su negrura que me recordaba a sus pupilas
Los días pasaban como olas que rompían en mi deseos carcomiéndolos diezmándolos volviéndolos cero
La promesa de sus besos, de su cálido pecho se volvían en mi contra a medida que el otoño se alejaba
El invierno acechaba tornando lo todo en marchito
Atrás quedaron los besos, los días de verano las risas y momentos compartidos
Atrás quedaron los sueños, ahora enterrados polvorientos y perdidos en el olvido.

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